Promover la participación estudiantil: un enfoque para resolver el problema de Zoom

Tom langston
Tom Langston
08/04/21
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Mantener un alto nivel de participación entre los estudiantes puede ser un reto en el entorno de aprendizaje en línea de hoy. Conozca cómo abordar los retos de enseñanza de la educación superior actual y mucho más.

Ya ha pasado un año desde que iniciamos esta transición hacia un marco de enseñanza completamente en línea. En la Universidad de Portsmouth, adoptamos el llamado enfoque de Aprendizaje Mixto y Conectado, el cual es una adaptación del modelo ABC desarrollado por la UCL dotado de una aproximación propia con el marco de Aprendizaje Mixto Activo (ABL).

Para quienes no estén familiarizados con el concepto, el modelo ABC divide las ideas en tipos de aprendizaje (no deben confundirse con estilos de aprendizaje cuya validez ha sido ampliamente cuestionada en la comunidad educativa). 

1. Adquisición

2. Colaboración

3. Discusión

4. Investigación

5. Práctica

6. Producción

Esas áreas ayudan a los docentes a buscar materiales de curso y a planificar actividades que satisfagan todas las necesidades de aprendizaje de sus estudiantes, contribuyendo en esencia con el progreso del aprendizaje mediante la Taxonomía de Bloom y construyendo un enfoque personal del estudiante frente al material. ABL es un enfoque de enseñanza centrado en el estudiante que lo involucra con el material. Esta publicación en el blog y la definición de Ale Armellini son un gran recurso para quienes empiecen a acercarse al Aprendizaje Mixto Activo.

Así, ya habiendo explicado un poco el contexto de nuestro enfoque, podemos adelantar que este artículo girará en torno al reto que todos hemos enfrentado en nuestro ejercicio pedagógico actual: el ‘muro de nombres de Zoom’ (o cualquier plataforma de chat de video que utilice). El muro muestra los nombres y las iniciales de los estudiantes que asisten a su curso o seminario y que no encienden sus cámaras. Si bien esto pudiera parecer insignificante, pienso que, a estas alturas, ya hemos comprendido que es mucho más desconcertante de lo que creíamos al inicio. 

Este artículo consta de tres partes: primero, Expectativas; segundo, Retos; y finalmente, El Futuro. Nuestro objetivo es presentar algunas impresiones relativas a cómo se sienten los estudiantes y qué podemos hacer con esa información. 

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Expectativas de profesores y estudiantes

Cada vez que comenzamos un nuevo curso, esperamos que los estudiantes estén allí para aprender, participar y desarrollarse en su campo de conocimiento. Si esto no ocurre, podemos sentirnos desilusionados o decepcionados en vista de todo el trabajo llevado a cabo para preparar materiales en línea, crear recursos y dictar clases “cara a cara” (ya sean en línea o efectivamente presenciales). Sentimos además que todo ha sido una pérdida de tiempo y esfuerzo y que los estudiantes no cumplen con nuestras expectativas. 

Aunque esto es comprensible, también denota algo de falta de visión. Aunque podemos ser expertos dentro del aula de clases, no somos sabelotodo ni omniscientes. Todos tenemos nuestras limitaciones y prejuicios, ya sea que los admitamos o no. Debemos comenzar a tener en cuenta no solo nuestras preconcepciones, sino también el hecho de que enseñamos a un grupo de personas diferentes con valores e ideas propias sobre lo que ellos esperan y de las que no tenemos ni la menor idea. 

Entonces, cuando hablo de expectativas, pensando en Zoom, estas pueden dividirse en tres áreas principales.

1. Nuestras expectativas de los estudiantes

2. Las expectativas de los estudiantes con respecto a nosotros 

3. Las expectativas de los estudiantes con respecto a los demás

Cada uno de esos factores cumple un papel en el éxito del actual entorno virtual y en nuestra participación en Zoom (y seguirán teniéndolo cuando volvamos al campus). 

Recientemente conversaba con algunos profesores y estudiantes de la facultad de ciencias de la universidad. Los académicos hablaban de que cuando estaban al frente de un trabajo grupal en una sala separada de Zoom, veían cómo una gran cantidad de estudiantes simplemente se marchaban de la clase. Obviamente no se trata de una situación ideal, pero ¿qué podemos hacer? Los estudiantes con los que hablé me dieron algunas interesantes opiniones en relación con esa situación. Esto lo discutiré más detalladamente en la sección “reto”, pues esas opiniones demuestran cómo aprovechar al máximo el valor de las salas separadas de discusión. 

El punto sobre nuestras expectativas es fundamental en todo esto, y mi recomendación sería que se plantee a sí mismo y a sus estudiantes el reto de discutir todos los aspectos de la enseñanza. Dicha discusión debería cubrir los tres aspectos que mencioné anteriormente. 

   1. Lo que espera de sus estudiantes

Cuando inicia una nueva clase, es muy probable que subraye quién es y aquello que intentará cubrir a lo largo del módulo. Sin embargo, es mucho menos probable que les diga abiertamente a sus estudiantes lo que espera de ellos. E incluso si lo hace, ¿estarían ellos de acuerdo con sus “expectativas”? Justamente es en este tipo de situaciones que una conversación franca puede ayudar a configurar lo que ocurrirá durante el resto de ese período académico. Si expone sus estándares con claridad y explica por qué enfoca los temas de la forma en que lo hace, los estudiantes no podrán alegar en el futuro que no sabían cuál era la parte del trato que debían cumplir o viceversa. 

   2. Lo que los estudiantes esperan de nosotros

Aunque es el segundo punto de la lista, yo comenzaría con él como la base para cualquier discusión. Acláreles a los estudiantes que les dirá lo que espera de ellos, pero primero descubra lo que ellos esperan de usted. Sin duda, obtendrá información valiosa sobre lo que desean conseguir con sus estudios. Además, revelará algunos aspectos que nunca consideró y que podrían ayudarle a explicar sus enfoques de enseñanza. 

   3. Lo que los estudiantes esperan de los demás

Dado que ahora la enseñanza es principalmente en línea como consecuencia de la situación actual, los estudiantes no tienen tanta oportunidad de conversar entre cursos, como lo hacían en los cursos presenciales. Antes, podían compartir sus impresiones con sus compañeros respecto a la enseñanza. Por supuesto que aún tienen contacto en las redes sociales, pero no es lo mismo, porque es mucho más público y permanente. 

Me parece importante que tratemos de facilitar la posibilidad de que entablen esas conversaciones sobre sus expectativas de la enseñanza, pues necesitan expresar a otros su deseo de aprender (que puede darse mediante un proceso anónimo), aunque todos deben establecer un código de conducta para llevarlo a cabo.

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Retos

En este punto resultan obvios los retos que enfrentamos para identificar toda la gama de expectativas. Pero si los estudiantes ni siquiera encienden sus cámaras y no interactúan con los demás, ¿cómo esperamos que participen en este proceso?

En mi opinión, se trata de definir lo más claramente posible por qué es importante un cierto nivel de participación. Todo se resume en demostrar por qué los grupos de trabajo, las salas separadas de discusión o la discusión abierta en clase son vías para alcanzar una comprensión integral de los materiales de estudio, lo que al final se traducirá en mejores resultados en las evaluaciones. 

Además, existen muchos Sistemas de Respuesta de Audiencia que ofrecen versiones gratuitas de la herramienta que nos pueden ayudar en ese sentido. Dentro de la universidad contamos con  Padlet, Nearpod y Vevox, así como con una simple pantalla de foro dentro de las plataformas de VLE o LMS. En definitiva, se trata de brindarles a los estudiantes un espacio seguro para responder preguntas sobre lo que esperan en este nuevo y difícil entorno de aprendizaje. Por ejemplo, una parrilla anónima en Padlet les permitirá a los estudiantes publicar sus reflexiones, las cuales pueden ser calificadas y agrupadas para crear una imagen de las áreas que son importantes para ellos. 

Además, la herramienta ofrece la oportunidad de plantear retos con frases como:

“Encender la cámara es…”

“Participar activamente en una actividad de grupo durante una conferencia es…”

Luego se les pide que completen los espacios en blanco y que argumenten por qué no deben seguir el modelo que usted desea implementar. La clave es darles voz en la discusión y el sentimiento de que han contribuido a configurar el proceso. Si los estudiantes tienen un nivel de “participación” por asistencia, entonces cuando estén presentes, entenderán perfectamente las razones que los motivan. 

Es reconfortante saber que a menudo tengo una visión utópica en cuanto a este tipo de actividades. Sin embargo, al darles un punto de partida desde donde alimentar las interacciones con ejemplos, afirmaciones y expectativas, queda de parte de los estudiantes estar o no de acuerdo con eso, lo que se opone a empezar algo desde cero. 

También, puede ser una buena idea que se les permita incorporar una parte de recompensa/privilegio en todo esto. Si hay una recompensa, también debe haber una consecuencia. Muchas veces, la gente se impone restricciones a sí misma mucho más estrictas y punitivas de lo que imaginamos. Si ellos las crean y aceptan, probablemente participen y aprendan activamente. Un ejemplo tonto de una falta sería comenzar las sesiones cinco minutos tarde, pero debe haber directrices que deben respetar y con las que deben trabajar como un grupo. 

Algunas impresiones sobre las deserciones en las salas separadas de discusión que enfrentaban los profesores surgieron durante el diseño de las tareas. Las actividades en que los estudiantes participaban más, ofrecían un grado de independencia con respecto a toda la actividad grupal. El grupo se convertía entonces en una red de apoyo mientras que cada uno trabajaba en algo particular. Esto ayudó a promover discusiones más pequeñas y enfocadas en las preguntas planteadas por el profesor. También, se presentó un verdadero desafío durante la actividad destinada a los estudiantes, pues, aunque al inicio pudo haber incrementado sus niveles de ansiedad, al culminarla en un espacio de aprendizaje seguro, estos reconocieron y apreciaron las oportunidades que brindaban las actividades y que se reflejaban en sus evaluaciones finales

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Thomas Langston, Especialista en Enseñanza y Aprendizaje Digital, University of Portsmouth

Una de las actividades que “fracasaron” fue el escenario de juego de roles, en donde los estudiantes debían leer un diálogo sobre una cita médica en el “mundo real”. El libreto no tenía desvíos ni desafíos que superar, sino sólo una tarea básica que tenía la intención de ampliar la explicación de una parte del material. Los estudiantes no valoraron la actividad y optaron por abandonarla. 

Otro reto fue la división de los grupos. En el aula de clases, es más fácil mezclar a los amigos y crear asignaciones “aleatorias”. Esto también pudo hacerse sin dificultad desde el punto de vista meramente técnico en las salas separadas de Zoom, pero esto lo que hizo fue matar la conversación. Nadie quería hablar en ese tipo de ambiente. La conclusión que sacamos es que tener una zona de confort es algo sumamente importante

Por ello, hablar con los estudiantes antes de llevar a cabo la actividad puede ayudarle a estructurar mejor los grupos. Una sugerencia sería que los estudiantes formen parejas con las personas que se sientan cómodos y felices de trabajar, y que esas parejas se integren a otro grupo. Esto quizás tome un poco más de tiempo, pero si la gente está feliz de hablar al menos con un integrante del grupo, será más fácil que se atrevan a iniciar una conversación donde se compartan ideas y se completen las actividades planteadas por el profesor.

 

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El futuro

¿Qué nos depara el futuro? Esa es una pregunta que nadie puede responder a ciencia cierta, pero que nos da la oportunidad de trabajar en esa dirección. Mi visión sería un enfoque mucho más mixto: una plataforma de VLE con mucho material interactivo, con retos y oportunidades para que el estudiante investigue el tema. 

Los estudiantes extrañan el campus (quizás más de lo que piensan) y espero que ese sentimiento se traduzca en mayor asistencia a las clases presenciales en el futuro. Quizás esta pandemia que ha afectado al mundo entero haya sido la oportunidad para que nuestros estudiantes aprecien el valor de la enseñanza cara a cara. Como decía el cantante y compositor Joni Mittchell: “No sabes lo que tienes hasta que lo pierdes”

El tiempo de las clases presenciales es un bien precioso tanto para el aprendizaje como para nuestra salud mental. Las interacciones sociales a través de Zoom son geniales solo si la gente está comprometida, y en una situación mixta, con clases en el campus y virtuales, el elemento presencial se está cubriendo con reuniones privadas. Pensamos que esto ayudará a definir el valor de lo que podemos hacer en línea o en persona. Claro, esto asumiendo que podemos ayudar a los estudiantes (y ellos a nosotros) a reconocer el valor que podemos crear en un espacio de aprendizaje. Soy un defensor de las actividades en clase que nos permiten que se escuche nuestra voz y nos brindan la oportunidad de cuestionar nuestra comprensión, así como las visiones de otros. 

En ese sentido, considero que un código de conducta explícito es un excelente punto de partida. Se trata de un código creado por todas las partes involucradas de manera que se pueda mantener un alto nivel de enseñanza y aprendizaje a lo largo de todo el módulo. 

Obviamente estos eventos ricos en discusiones no se producirán en todas las clases (ya mencioné que soy un visionario utópico cuando se trata de estudiantes que desean participar en todo). Sin embargo, creo que la conversación tanto virtual como en el campus es una parte fundamental para avanzar en la mejor dirección.

El tiempo de las clases presenciales es un bien precioso tanto para el aprendizaje como para nuestra salud mental. Las interacciones sociales a través de Zoom son geniales solo si la gente está comprometida, y en una situación mixta, con clases en el campus y virtuales, el elemento presencial se está cubriendo con reuniones privadas. Pensamos que esto ayudará a definir el valor de lo que podemos hacer en línea o en persona

Debemos considerar los retos que enfrentan los estudiantes, mucho más ahora: ya no solo asisten a la universidad para aprender de los libros, sino que están viviendo experiencias de vida que nunca tuvieron en casa o en su infancia. Ahora “se están descubriendo a sí mismos” en un amplio sentido, y muchos de los retos que ahora deben superar las universidades no son únicamente educativos. A partir de las conversaciones que tuve con los estudiantes de ciencia, pude conocer que les gusta el hecho de poder dormir más y revisar las clases cuando quieran a lo largo del día.  También, les gusta tener el control de su aprendizaje y el ritmo en todas las actividades alojadas en la plataforma de VLE. No obstante, este enfoque no significa que ya los estudiantes no tendrán preguntas ni querrán reuniones presenciales que los ayuden a comprender mejor el material y satisfacer sus necesidades. 

Finalmente hay que decir que los retos que enfrentamos ahora no son nada nuevo, en especial el hecho de estar sumidos en una situación inédita que nadie nunca imaginó. La razón por la que apenas hice mención a Zoom después del primer párrafo, creo, es porque ahora sentimos que justamente Zoom es el nuevo problema que enfrentamos. Eso no es cierto. Creo que se trata del mismo viejo problema, pero con un vestido diferente. Las mayores diferencias son que, en clase, podemos ver las caras de los estudiantes, podemos saber si están presentes, y si lo están, no pueden simplemente levantarse y salirse del grupo de trabajo. 

En cuanto al trabajo grupal en clases presenciales, creo que la principal diferencia es que los estudiantes empiezan a reconocer el beneficio que entraña la “fuerza”, pues en ellas no tienen la opción de abandonar el aula, como lo hacen en Zoom. Nuestras conversaciones deben abrir sus ojos con respecto a su beneficio y valor que ofrecen al curso antes de iniciar las actividades. Los estudiantes deben ver las ventajas de las diferentes tareas que tratamos de incluir en su aprendizaje, pero, como educadores, nosotros debemos descubrir cuáles son los valores de los estudiantes. Encontrar ese delicado equilibrio será una parte clave de la forma en que mezclamos el aprendizaje y la enseñanza en el futuro dentro de la Educación Superior y de cómo resolvemos el problema de Zoom

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