Es necesario hablar de integridad

Priscila Zigunovas
18/10/17
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¿Por qué es importante? Hablar con los estudiantes acerca de la integridad académica, es quizá, la mejor manera de poner el tema sobre la mesa en el salón de clases. En un mundo colaborativo y globalizado, la alfabetización digital resulta clave para aprender sobre este tema.

Austin, Texas

Van Davis, associate vicepresident of higher education research and policy de Blackboard, comparte su experiencia de cuando fue profesor de historia, y asegura que “estamos próximos a dar un vuelco en la forma en que concebimos la propiedad en un ambiente digital”.

“Recuerdo que una vez di una clase a un gran grupo de estudiantes jamaiquinos y entendí que como venían de un ambiente educativo y cultural diferente, asimismo era distinta su concepción de la propiedad y la colaboración. Más o menos a mitad de semestre ocurrió una acusación de plagio, y ahí entendí, aún más, que lo que yo definía como plagio — en este caso se trataba de un estudiante que ayudó a otro a escribir un ensayo, a tal punto que sentí que él no lo había hecho— no era percibido de la misma forma por los estudiantes, porque esa no había sido su intención. Los estudiantes simplemente entendían el hecho como una simple colaboración, y ayudar al otro es algo culturalmente aceptado por ellos mismos. A raíz de esto empecé a ser más consciente de la manera en que nuestra cultura puede entender de varias formas la propiedad y la autoría de un material”, recuerda Van Davis.

Davis, quien tiene una maestría y un doctorado en historia de los Estados Unidos en el siglo XX de Vanderbilt University, dedicó casi una década de su vida a ser profesor y administrador académico. “Como miembro del profesorado, dicté cursos intensivos de escritura y trabajé muy de la mano con los profesores de Composición y Retórica. Como los estudiantes tenían que entregarme muchos trabajos escritos para mis cursos, tuve que lidiar bastante con el tema de la integridad académica”, cuenta. “Pero ahora lo que más me interesa sobre este tema es darle una mirada al pasado y evaluar los errores que cometí al respecto”.

Si bien, para él es claro que existen estudiantes que si son conscientes de que lo que hacen es deshonesto en términos académicos, la mayoría de las veces muchos no actúan tan deliberadamente, como los de la historia de los jamaiquinos. “Lo hacían porque eran descuidados, o por error o porque tenían una visión diferente de la colaboración. Y yo, en lugar de tomar esos casos como oportunidades para hablar en profundidad con ellos y abrirles el espacio para reflexionar al respecto, solo reaccioné de forma sancionadora. Eso es algo de lo que me arrepiento cuando miro hacia atrás en mi carrera docente y pienso que ahora actuaría muy diferente”.

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Revolución digital

Davis, cuya carrera como profesor inició al mismo tiempo con la era digital, se interesa por comprender cómo las nuevas tecnologías cambian nuestra visión de la integridad académica. “Copiar y pegar algo no es nada complicado, si nos estamos refiriendo a lo fácil que resulta tomar material de un lugar y ponerlo en otro. Sin embargo, creo que la era digital ha llevado la conversación en un nivel más filosófico, pues estamos siendo testigos de la aparición de constantes cambios culturales”, asegura.

“Un claro ejemplo de ello son las mezclas culturales, o la cultura del sampling, bien sea en la música, la arquitectura o el arte. El hecho de tomar piezas de distintas obras y cambiarlas para crear algo nuevo, se está convirtiendo en una segunda naturaleza para la gente”.

Según Davis, la era digital también le está dando una vuelta a la forma en que pensamos la información. “Ahora hacemos más énfasis en la colaboración y contamos con herramientas 2.0 en la red que permiten hacer eso. La mayoría de los empleados ven la colaboración como una competencia clave; por ejemplo, si trabajas en un wiki, todos contribuyen. Las palabras de alguien se convierten en parte de ese gran todo que se está creando colectivamente. Esa es una forma diferente de pensar en la información y la creación de conocimiento”.

Para él, otro ejemplo sería el de la idea de que el conocimiento es un bien común: “Cada vez más vemos la creación de conocimiento como algo que es asunto de todos. Y significa un cambio enorme en relación con la idea tradicional occidental de propiedad única de la información, lo cual es, a mi forma de ver, toda la base de los derechos de autor en Occidente”.

Sin duda, ese cambio cultural, para Davis, apunta a la aparente desconexión que existe entre los estudiantes y los profesores. “Estamos a puertas de revolucionar la forma en que concebimos la propiedad en un ambiente digital. El sampling, la mezcla y el remezclado son grandes ejemplos de esto. Si puedes tomar retazos del trabajo de alguien más y juntarlos de varias formas para crear algo que es esencialmente distinto y más que las piezas que lo componen, ¿es tuya la creación?, ¿o es una co-creación? Los ingenieros, por ejemplo, trabajan a diario a través de una colaboración mutua. Pero, ¿hasta qué punto la suma de sus contribuciones trasciende el plano individual y se convierte en algo muy diferente y único?

Diversos alfabetismos

De acuerdo con Davis, los diversos tipos de alfabetismos dan origen a algunas de las mejores investigaciones y publicaciones en cuanto a integridad académica se refiere. “Aprender cómo atribuir información de manera correcta en esta era tecnológica es una faceta propia del alfabetismo digital. Entender qué hacer con la información, cómo usarla y qué significa en los contextos digitales, también es un tipo de alfabetismo, así como leer, escribir o la matemática”.

Uno de los retos que enfrentan los programas de aprendizaje digital donde participan diversos estudiantes internacionales se debe a la variedad cultural, la cual pueden generar distintas formas de ver la originalidad, creatividad y propiedad.

El alfabetismo digital puede entenderse como la habilidad de una persona para usar la tecnología digital.1 O quizás mejor, la habilidad de realizar tareas de forma efectiva en dicho ambiente, incluyendo la capacidad de leer e interpretar medios, reproducir datos e imágenes a través de la manipulación digital y evaluar y aplicar conocimiento obtenido de entornos digitales.2

No obstante, cuando uno asume que los estudiantes saben cómo usar la tecnología adecuadamente podría estar incurriendo en un error. “No deberíamos asumir que los profesores y estudiantes tienen los mismos valores al momento de usar la tecnología. Por ejemplo, ambos pueden no estar de acuerdo con el uso adecuado de la tecnología. Por esto, es necesario conversar sobre los valores tanto del uso de la tecnología como de la técnica”.

Para Davis, uno de los retos que enfrentan los programas de aprendizaje digital donde participan diversos estudiantes internacionales se debe a la variedad cultural, la cual pueden generar distintas formas de ver la originalidad, creatividad y propiedad. Estos factores imprimen más complejidad y matices a la discusión sobre el tema. “En China, por ejemplo, la idea de replicar el trabajo de un profesor es la mejor forma de halagarlo”, afirma Davis. “En el aprendizaje digital, donde obviamente existe una mayor oportunidad de contar con estudiantes de diferentes culturas, ese tipo de desafíos surgirán más de manera más frecuente”.

Davis considera que la investigación y las publicaciones sobre ese tema están dejando de lado entender el fondo o la raíz de estas acciones: cómo plagian los estudiantes o cómo atrapar a un estudiante que lo hace. ¿Hay factores culturales en juego?, ¿existen diferentes visiones de alfabetismo digital involucradas? Pienso que una de las tendencias en esta área es que la gente se está alejando del cómo y hablando más del por qué”.

Van L. Davis, associate vicepresident of higher education research and policy de Blackboard. Foto: AFP Julia Robinson.
Van L. Davis, associate vicepresident of higher education research and policy de Blackboard. Foto: AFP Julia Robinson.

Cinco formas de promover la integridad en el aula de clases

1. Inicie una discusión. Dedique una parte de la clase a discutir con los estudiantes sobre la integridad académica, para crear marcos y valores compartidos que los estudiantes puedan sentir como propios. “Si no tienen ese sentimiento de propiedad, no les importará; eso está en la esencia humana”, menciona. “Desde la perspectiva de los docentes, esto significa involucrar a los estudiantes en discusiones profundas sobre lo que ellos consideran que es la integridad, por qué piensan que es importante discutir el tema y cómo éste se conecta con sus carreras académicas y profesionales”.

2. No asuma que la culpa es del estudiante. “Uno, por lo general, cuando se encuentra con un estudiante que copia y pega algo, es muy fácil asumir que hizo trampa, en vez de pensar que ha cometido un error o que posiblemente no entiende bien lo que hizo”, afirma Davis. En vez de eso, es más enriquecedor tomar este incidente como una oportunidad para aprender. “Si me remito a la forma como actué antes, mi política de integridad académica era de cero tolerancia. Si encontraba a un estudiante que había cometido un fraude académico, de inmediato le reprobaba el curso. Hoy, por ejemplo, no haría eso. Más bien lo vería como una oportunidad para hablar de aprendizaje reflexivo: asignar un ensayo de reflexión, pedir a los estudiantes que piensen acerca de lo que hicieron y por qué lo han hecho, y colocar ese hecho en un contexto ético más amplio”.

3. Enfóquese menos en hacer que los estudiantes repitan el conocimiento y más en hacer que lo apliquen. “Es más fácil copiar y pegar algo si se trata de un trabajo que exige información, pues solo es presentar información. Es mucho más difícil plagiar algo si se trata de un proyecto que amerite aplicar información. Creo que los profesores deben pensar realmente sobre qué tipo de trabajos asignan, porque la aplicación de conocimiento es una habilidad de pensamiento crítico mucho más compleja y profunda, y son justamente esas habilidades las que buscan los profesores, no la de repetir información simplemente”, afirma Davis.

4. Vea la integridad como una competencia por desarrollar. “Muchas veces definimos la competencia como una simple habilidad, capacidad y conocimiento, cuando en realidad es una construcción cultural. Aquí sería importante aprender qué es una construcción, por qué ha surgido y qué significa. Por ejemplo, cuáles son las habilidades asociadas a garantizar que un estudiante actúa, en este caso en un ambiente académico, de una forma que refleje integridad”, afirma Davis.

5. Brinde a los estudiantes ejemplos claros de lo que espera de ellos. “¿Qué se entiende por plagio?, ¿qué significa citar adecuadamente este material?, ¿en qué circunstancias se atribuyen palabras o ideas a alguien y en cuáles se puede asumir que se trata de conocimiento general? Procure siempre brindar a los estudiantes ejemplos claros de lo que significa plagiar y lo que significa atribuir adecuadamente”, sugiere el experto. Además, no asuma que hablar sobre integridad académica una sola vez es suficiente. “Es algo que debe abordar y recordar constantemente en sus conversaciones”.

Análisis de experto

Cambiando la vida de estudiantes adultos con la Educación Basada en Competencias

* Van Davis, associate vicepresident of higher education research and policy de Blackboard.

Fuentes:

1 Digital Strategy – Glossary of Key Terms. (n.d.). Retrieved August 24, 2017, from http://web.archive.org/web/20071127010041/www.digitalstrategy.govt.nz/Media-Centre/Glossary-of-Key-Terms

2 Jones-Kavalier , B. R., & Flannigan, S. L. (n.d.). Connecting the Digital Dots: Literacy of the 21st Century. Retrieved August 24, 2017, from http://er.educause.edu/articles/2006/1/connecting-the-digital-dots-literacy-of-the-21st-century

Fotografía:

* AFP Julia Robinson.

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